lunes, 9 de noviembre de 2009

CELDA 211

Ha llegado en Noviembre, cuando el año está acabando, como ese postre de chocolate que deja el regusto perfecto a una cena. Estamos ante quizá la mejor película española del año y eso se nota desde la primera secuencia.
Admito que Daniel Monzón no me auguraba nada bueno, sus anteriores películas "El corazón del guerrero", "El robo más grande jamás contado" y "La caja Kovak" no son desde luego buenos antecedentes, sin embargo parece que le han servido de entrenamiento y con "Celda 211" asciende a Primera División.

Basada en la novela del mismo nombre de Francisco Pérez Gandul, la idea inicial es perfecta, un funcionario de prisiones va a su primer día de trabajo y queda atrapado en medio de un motín, su única oportunidad si quiere sobrevivir es hacerse pasar por un interno, y para ello tiene que ganarse la confianza de Malamadre, el cabecilla de los presos.
Este es el punto de inicio, los restantes minutos discurren en una negociación entre los de fuera y los de dentro, entre los buenos y los malos, sin saber en ningún momento quien pertenece a cada uno de los bandos.

Retrata perfectamente las jerarquías entre el quíe y demás presos, la lucha de poderes, la vida que acentúa el ingenio entre los muros, la que extrema la violencia y sobretodo la que sólo tiene un único fin, sobrevivir cada día.
Y vemos verdad, porque es en este lado de las paredes donde la película se hace auténtica, desde un "pincho" que se obtiene al cristalizar el filtro de un cigarro, a un arma o "hierro" hecha de tuberías, una cuchara que no sólo sirve para comer y sobretodo de las ganas de dejar alguna señal en esta vida, aunque sea rascando la pared. Es quizás en la respuesta por parte del Estado donde la película se toma más licencias cinematográficas y cae en alguna incoherencia, como la posibilidad de que los inhibidores consigan su objetivo con la radio (eso nunca es así) pero no con un teléfono móvil, o el acceso desde el interior a la señal de televisión (parece un guiño más americano que otra cosa). De todas maneras creo que esas licencias también son el fundamento para que el ritmo no decaiga en ningún momento del metraje.

Y pasamos al plato fuerte, las actuaciones:
- Luis Tosar, qué decir de él que no se haya escrito ya, que no es que de alma y cuerpo a Malamadre, es que se convierte en Malamadre, es un preso con un historial delictivo de órdago pero con unos principios, una cierta ética y una idea de la justicia que no se aleja tanto de la que tienen los del exterior. Aterrador y tierno, calculador e impulsivo, violento y empático, un personaje lleno de aristas, tan rico y tan bien expuesto al que temerías en un callejón oscuro pero que se parece demasiado a la presunta víctima atrapada de este relato. Tosar ha demostrado su talento maravillosamente en grandes éxitos del cine español como "La flaqueza del bolchevique", "El lápiz del carpintero", "Te doy mis ojos" o "Los lunes al sol", y aquí ha vuelto a imprimir su sello comiéndose toda la película.
- Se encara con él Alberto Ammann, debutante al que seguro le llegarán nuevas ofertas, si ha conseguido redondear y evolucionar este personaje en su primera película, qué no hará en sus siguientes trabajos.
- Les rodean un Antonio Resines al que no veía con tantos matices desde "La buena estrella", una dulce Marta Etura y un impresionante Luis Zahera que deja de ser un actor para convertirse en un colgado que encontraríamos en cualquier módulo de un centro penitenciario o en un especial de Callejeros.
- Y frente a tanta credibilidad también chirrían algunas interpretaciones, quizás acentuado porque como dice el dicho las comparaciones son odiosas, pero no están a la altura Carlos Bardem y Manuel Morón. Entre dos aguas se quedaron otros como Vicente Romero y Fernando Soto.
- El uso de presos en 3º grado o antiguos habitantes de los chabolos carcelarios como extras fue un gran acierto, un contexto tan auténtico que se convierten en el mejor marco que podía tener este "Guernika" cinematográfico.

Con estos actores y el maravilloso guión del propio director y Jorge Guerricaechevarría tendríamos una buena película, pero lo que la hace excepcional es la tensión, el thriller llevado a sus últimas consecuencias, el ritmo y la angustia que se apodera del espectador desde el minuto uno. A ello ayuda un extraordinario trabajo de sonido que puede pasar del más absoluto silencio a una jauría humana en un instante, o de una fotografía que juega todo el tiempo con lo que está dentro y fuera de plano obra de Carles Gusi, todo ello unido con éxito por un montaje de Mapa Pastor.

Estupendos diálogos (inolvidable esa ironía entre Malamadre y los etarras), asombrosos actores, genial factura técnica y un director con la suficiente inteligencia para hacer funcionar estos engranajes. No dejes escapar esta idea de la justicia encerrada en unos muros.

"No olvides que ellos antes o después salen de aquí, tú te pasarás encerrado el resto de tu puta vida"

Si no la has visto ¿A qué esperas? Si lo has hecho ¿Tú qué opinas?

Próximamente más, y si es posible...mejor

PD: Por cierto, en jerga taleguera los funcionarios de prisiones no son "guindillas" como dice la película (éstos son los policías locales) sino "boqueras"...no preguntes de donde he sacado esta información jejeje

1 comentario:

Ricardo Baticón dijo...

Vaya, qué ganas de verla!... Dicen que hace tiempo que una peli española no une a la crítica para hablar bien de ella. Ya sabes, las de ALmodovar o Amenabar o te encantan o las odias... pero que ésta todo el mundo dice que genial, y con Tosar, Resines, Marte Etura... genial.

Saludos