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domingo, 12 de junio de 2011

MIDNIGHT IN PARIS

Por fin he visto la aclamada (con razón) película de Woody Allen, el enjuto director nos da su regalito anual para que al encenderse las luces del cine todos los espectadores mantengamos la sonrisa. Con Woody Allen y con Clint Eastwood me ocurre algo parecido, casi con una película por año se han convertido en imprescindibles, y es que la peor de sus películas siempre está ocho escalones por encima de la media, les espero como agua de mayo...y este mayo llegó Woody.

Con esta medianoche en París vuelve a conjugar con soltura la comedia, el romanticismo y los grandes misterios de la vida. Contando sólo lo justo la sinopsis dice: "Un escritor norteamericano algo bohemio llega con su prometida Inés y los padres de ésta a París. Mientras vaga por las calles soñando con los felices años 20, cae bajo una especie de hechizo que hace que, a medianoche, en algún lugar del barrio Latino, se vea transportado a otro universo donde va a conocer a personajes que jamás imaginaría..." 

Viajamos a París y todo se convierte en un sueño, el inicio cual postal turística y el devenir de un protagonista despistado que rememora al genuino W.Allen ante la pantalla. Reconozco que Owen Wilson no me inspiraba ninguna confianza, pero admito mi error porque su personaje te conquista a los cinco minutos. Junto a él Rachel McAdams y Marion Cotillard son el eje femenino de esta comedia romántica con espíritu positivo y varias carcajadas. Sin olvidar a Kurt Fuller, Mimi Kennedy, Michael Sheen o Nina Arianda, secundarios de lujo para retratar la actualidad.

La huida constante del presente se llena de grandes personajes del pasado, Hemingway (Corey Stoll), Picasso (Marcial di Fonzo Bo), Gertrude Stein (Kathy Bates), Dali (Adrian Brody), Gauguin, Degas, Buñuel (Adrien de Van) y su guiño a "El ángel exterminador", Scott y Zelda Fitzgerald, y muchos otros que sorprenden al unísono al protagonista y al espectador. 

La música es el colchón de fondo del apabullante diálogo que siempre nos regala el neoyorkino, un  guión con el que permanecer siempre atentos a cada disertación vital bajo el sonido de canciones como "Bistro Fada" de Wrembe o "Let's do it" de Cole Porter.

No se puede dejar de lado la fotografía de Darius Khondji, la hipnótica dirección de arte de  Anne Seibel, el montaje de Alisa Lepselter o un diseño de vestuario que me ha dejado sin palabras de la mano de Sonia Grande. Todo ese marco convierte cada esquina de París en el onírico paraíso de cualquiera, la ciudad de la luz nunca iluminó tanto como bajo el prisma de Woody Allen.

El surrealismo de la nostalgia nos deja una lección para el futuro
¡Disfrútala, es imprescindible!




¿Y tú, qué opinas?

Próximamente más, y si es posible...mejor